Hola, espartan@:

Voy a reconocer una cosa que me pasa mas de una noche.

Llego a casa después de todo el día trabajando y muchas veces ni siquiera tengo demasiada hambre.

Pero entro en la cocina…

y comienza el espectáculo. 😂

Mientras preparo la cena, saco una tapa.

Cojo unas aceitunas. (y mas si son las que hace mi padre en Huesa)

Corto un trozo de queso.

Ahora pincho un tomate.

Otro poquito de queso.

Un traguito de vino rico.

Sigo cocinando.

Vuelvo a picar.

Llevo algo a la mesa y, por el camino, vuelvo a coger otra cosa.

Y lo mejor de todo es que…

¡¡¡TODAVÍA NO ME HE SENTADO A CENAR!!! 😂

Después me siento tranquilamente, pongo un partido de Champions o un capítulo de alguna serie…

y sigo comiendo como si no hubiese un mañana.

Ahora viene la pregunta importante:

¿Realmente tenía hambre?

Probablemente no.

Entonces…

¿por qué estoy comiendo tanto?

Aquí aparece una frase maravillosa que seguro que tú también has utilizado alguna vez:

👉 “Después del día que llevo, me lo merezco.”

Y ahí está parte del problema.

Porque no siempre comemos porque nuestro cuerpo necesite energía.

A veces comemos porque estamos cansados.

Porque hemos tenido un día de mierda.

Porque hemos discutido con nuestra pareja.

Porque estamos aburridos.

Porque estamos viendo el fútbol.

O simplemente porque hemos asociado el final del día con nuestro momento de premio y recompensa.

🧠 Y la ciencia distingue perfectamente estos dos escenarios.

Por un lado tenemos el hambre homeostática, regulada por un complejo sistema en el que participan el cerebro, el aparato digestivo y señales hormonales como la grelina y la leptina, entre otras.

Su objetivo es mantener el equilibrio energético.

Pero existe otro mecanismo:

👉 La alimentación hedónica.

Aquí podemos querer seguir comiendo aunque nuestras necesidades energéticas estén cubiertas, porque entran en juego los circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, el aprendizaje y el placer.

Y esto explica algo que todos hemos experimentado:

Puedes terminar de cenar completamente lleno…

y aun así decir:

“¿Hay algo dulce?” 😂

No necesariamente necesitas más energía.

Pero tu cerebro todavía puede querer la recompensa.

Y cuanto más apetecible sea la comida que tenemos delante, más fácil resulta que esas señales de recompensa compitan con las señales fisiológicas de saciedad.

Por eso te propongo algo muy sencillo.

La próxima vez que abras la nevera sin saber exactamente qué buscas, pregúntate:

👉 “¿Me comería ahora mismo un plato normal de comida?”

Unas lentejas.

Una tortilla.

Pollo con verduras.

Un plato de arroz.

Si dices:

“No… pero unas patatas, queso, vino o chocolate sí.”

Quizá merece la pena preguntarte si realmente tienes hambre.

Porque una cosa es necesitar comer…

y otra muy diferente es tener ganas de comer.

Y ojo: comer por placer forma parte de una relación normal con la comida a mi me flipa.

El problema puede aparecer cuando el “me lo merezco” deja de ser algo ocasional y se convierte en nuestro ritual de todas las noches.

Porque entonces quizá no estemos utilizando la comida solamente para alimentarnos.

La estamos utilizando como recompensa.

🔬 ESTE DOMINGO EN ESPARTAPRO FULL

Vamos a profundizar en todo esto:

🧠 Hambre real, emocional y hedónica: cómo distinguirlas.
😡 Estrés y días malos: por qué buscamos comida.
🏆 “Me lo merezco”: cuando la comida se convierte en premio.
🍫 Antojos: por qué buscamos alimentos muy apetecibles.
🛠️ Estrategias prácticas: cómo controlar estos episodios sin vivir a dieta.

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Abrazo grande y fuerte,

Javi Molina – EspartaPRO 🛡️

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